jueves, 13 de diciembre de 2018

Aprender la Biblia en serio


Durante el último tiempo he leído y escuchado algunos recursos sobre lectio divina, así como sobre la Escritura en el cristianismo antiguo. Si bien me falta tiempo y disposición -y quizás un maestro- para acometer la lectio divina en serio, hay una tarea que ya empecé: leer la Biblia de comienzo a fin, recitando pasajes para asimilarlos y hasta memorizarlos si es posible.

¿Qué sería una práctica protestante? Ello no implica que sea malo. Los padres del desierto y los benedictinos y cistercienses se dedicaban a memorizar la Escritura sin cesar y de ello sobran testimonios e investigaciones. La diferencia está en la finalidad de la memorización.

El protestante ve en la Biblia un manual de reglas y de soluciones prácticas, y por ello busca siempre “criterios bíblicos” para cualquier cosa imaginable, sea gerenciar una empresa, preparar la cena o cortar el pasto. Para el protestante, la Biblia pareciera tener poco que ver con la contemplación de Dios, sino que es un libro meramente práctico. Sigue siendo “La Torah”.

El católico más o menos instruido, por su parte, pareciera haber asumido la Escritura como un mero insumo apologético, sacando citas de aquí o allá sea para defender la doctrina tradicional contra las herejías clásicas o para barnizar esas mismas herejías con un toque escriturístico. Ya conocemos el típico “prueba por Escritura, prueba por Tradición”, de los viejos manuales, con lo que, parecido a los protestantes, nos valemos de la Biblia para solucionar una cuestión contingente, ganar la discusión.

En contraste, el monacato vio en la Escritura un medio igualmente, pero para una finalidad completamente distinta, la unión con Dios, “metiéndose” de algún modo en la letra de la Escritura. En cierta forma, es una lectura “por la lectura” que tiene por objeto dejar a Dios hablar en vez de estar hablando uno todo el tiempo, y si es necesario decirle algo, que mejor forma de empezar que usando las mismas expresiones del texto sacro. Esta perspectiva da por supuesto el valor moral y dogmático de la Escritura -por algo es el registro de la Revelación- pero va mucho más allá, pues se busca el dialogo con Dios por medio de la Palabra de Dios.

¿Qué no se puede? Somos capaces de memorizar líneas enteras de El Padrino o Rocky ¿y no podemos intentarlo con la Biblia? Es cosa de darse tiempo que ocupamos en la pereza o divagaciones, 15 minutos en la casa. Incluso durante la calle o el almuerzo. Ir recitando en voz baja (y si estás solo en voz alta) una y otra vez los pasajes que vas leyendo, aún a costa de que nos demoremos, y es bueno demorarse, pues no se trata de una novela para seguir a la ligera.

¿Qué podemos caer en el “libre examen”? No tendría porque ocurrir. Partimos del supuesto que somos cristianos que hemos recibido los rudimentos de la Fe por medio de la Iglesia, y que si tenemos dudas sabremos acudir a un entendido o a textos de apoyo. No digo que no se pueda comprender la Biblia fuera de la Iglesia: sin la Iglesia (y su antecesor Israel) no existiría Biblia alguna, sino pergaminos y códices desperdigados e inconexos, algo que el protestante aún no es capaz de entender.

¿Qué cabe esperar? En lo inmediato, aprender el lenguaje de Dios, escucharle y responderle con sus Palabras y de este modo, mejorar nuestra oración. Para quienes no podemos ir a Misa todos los días ni somos tan asiduos al Rosario como ¿deberíamos? la lectura pausada de la Escritura puede ser un camino.

¿Alguna Biblia en particular? En varias paginas se señalan las buenas traducciones (Torres Amat, Nacar, la antigua de Jerusalén, de Navarra) y se descartan las inaceptables como la nefata “Latinoamericana” . Por mi parte, tengo la fortuna de tener la ya perdida Bover-Cantera, con traducción muy literal, notas ortodoxas y un tamaño manejable. El hecho de que sea una traducción rigurosa, de lectura algo difícil, lejos de ser un problema, es una ventaja, pues nos obliga a leer varias veces, a recitarlo, a “rumiar” el texto, lo cual era la verdadera meditatio de los monjes.

¿Plan de lectura? Por comodidad, prefiero ir e3 Genesis hasta el final, cosa de apreciar el Pentateuco en todo su valor, aunque en la red hay varios planes de lectura, algunos acordes al año litúrgico tradicional, y aquí dejo los links:



Espero, entonces, que estas líneas sirvan de motivación para mi y para otros. Yo ya partí y espero persistir, con la ayuda de Dios.

6 comentarios:

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  2. Mons. Straubinger escribió un libro con testimonios de santos y doctores sobre la necesidad de leer las Sagradas Escrituras. En la introducción decía que algunos tienen escrúpulos de leerla (yo he observado esto en los "tradicionalistas", incluso más que escrúpulo) pero que esas son meros pretextos pues si algo no se entiende que vayan y molesten al cura...El punto es que esos "testigos", como los llama Mons. Straubinger estarían sorprendidos de que para los católicos de hoy una persona que conoce las sagradas escrituras sea tenida por protestante (no católica)

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    1. Por eso en un post más reciente me concentro en lo que el Cardenal Spilik enseñaba sobre la exegeisis siriaca. Vivir el texto como si se estuviera allí y dentro de la perspectiva que nos da la Redención sin pretender de inmediato extraer enseñanzas teológicas o morales.

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